Virus de la neumonía en el organismo humano

Remedios caseros para la neumonía

¿Qué es la neumonía?

Descrita por primera vez cerca del año 300 a.C., la neumonía es una enfermedad que se caracteriza por ocasionar graves daños al tejido pulmonar. Desde la neumonía neumocócica hasta la neumonía bilateral destacan por la multiplicación de bacterias en los alveolos, lo que ocasiona una respuesta inflamatoria crónica y generalizada.

¿Cuáles son las causas de la neumonía?

Además de la proliferación de la bacteria causante de la neumonía en el organismo, existen varios factores que pueden originar un cuadro de neumonía. A partir del estudio realizado en 1875 por el patólogo alemán Edwin Klebs, se descubrió que los hongos que causan neumonía pueden acceder al tejido pulmonar a través de las vías respiratorias y el torrente sanguíneo, siendo un sistema inmunológico deficiente la causa principal de los efectos de la neumonía.

Un sistema inmunológico débil es una de las causas principales de la neumonía en acianos, pues con el paso del tiempo las defensas del organismo suelen debilitarse. No obstante, una persona de mediana edad que consuma tabaco, posea patologías pulmonares, sufra de diabetes o desnutrición también está en riesgo de desarrollar neumonía crónica, pues su organismo no reúne las condiciones necesarias para que el sistema inmune pueda fortalecerse y detener a tiempo un proceso infeccioso.

¿Cuáles son los tipos de neumonía?

Aunque la neumonía es muy variada y puede clasificarse según distintos orígenes, los tipos de afección más reconocidos hasta el momento son:

Neumonía comunitaria

Conocida como la más común, la neumonía comunitaria, o neumonía adquirida en la comunidad, es un tipo de neumonía que se origina producto de la inhalación de microorganismos provenientes de la garganta o la nariz.

Generalmente, el contagio de la neumonía comunitaria se da en épocas de frío, propiciado por las bajas temperaturas y las afecciones respiratorias típicas de estos tiempos. A pesar de ser un tipo de neumonía leve, más de 4 millones de personas resultan afectadas cada año, de las cuales 1 de cada 5 requerirá de atención hospitalaria.

Neumonía hospitalaria

Este tipo de neumonía se conoce como neumonía hospitalaria debido a que los pacientes suelen contraerla durante su estadía en el hospital. En la mayoría de los casos, el contagio ocurre al utilizar respiradores mecánicos.

La neumonía hospitalaria suele ser una enfermedad de gravedad, pues ataca principalmente a personas convalecientes que, por lo general, aún se encuentran en proceso de recuperación de su afección inicial.

Neumonía atípica

La neumonía atípica es uno de los pocos tipos de neumonía que puede transmitirse de persona a persona. En ella, la bacteria causante de la neumonía es la Legionella pneumophila, la cual se aloja en los alveolos ocasionando daños al tejido pulmonar.

En su mayoría, los casos de neumonía atípica poseen un gran parecido con los de neumonía comunitaria, siendo necesaria la realización de diagnóstico por imágenes para poder diferenciarlos y aplicar el tratamiento adecuado.

¿Cuáles son los síntomas de la neumonía?

Por lo general, los síntomas de neumonía en adultos son similares a los de la neumonía en niños. En ambos casos se presenta tos, dificultad para respirar, malestar general, dolor en el pecho y fatiga. Rara vez se puede observar una neumonía sin fiebre, pues este es uno de los síntomas principales en pacientes con neumonía.

Si se trata de neumonía atípica y neumonía vírica, los síntomas suelen ser asociados con los de la neumonía por gripe, pues predomina el malestar, el cansancio y la tos por encima de los dolores en el pecho y la fiebre, la cual suele ser de tan solo unas décimas.

Afecciones más graves, como la neumonia por legionella o la neumonia lobar, se caracterizan por producir síntomas de neumonía como fiebre mayor a 40 grados y dolor de alta intensidad, lo cual viene acompañado de tos incesante y malestar general.

¿Qué es más grave, neumonía, pulmonía o bronquitis?

La neumonía, conocida también como pulmonía, afecta principalmente a los tejidos pulmonares pertenecientes a los sacos aéreos (alveolos), dificultando el proceso vital de intercambio de oxígeno. La mayoría de los tipos de neumonía originan una afección grave, que puede ocasionar la muerte si no se aplica un tratamiento para la neumonía a tiempo.

Por su parte la bronquitis, a pesar de que puede presentarse como bronquitis crónica y ser de gravedad, es una enfermedad más leve que solo afecta a los bronquios, conductos pulmonares encargados de conducir el aire dentro de este órgano. Generalmente, la bronquitis aguda evoluciona favorablemente al cabo de unas semanas, mientras que la bronquitis crónica también puede curarse con un buen tratamiento, siempre y cuando no se convierta en un caso de bronquitis recurrente.

¿Cómo prevenir la neumonía?

Prevenir la neumonía no consiste en automedicarse con tratamiento farmacológico para la neumonía. Más allá de estas prácticas, los expertos concuerdan en que es necesario mantener ciertos controles y hábitos de vida, entre los cuales es posible encontrar:

Vacunarse

Está demostrado científicamente que la neumonia neumococica puede prevenirse de forma efectiva mediante la vacunación. Tanto la vacuna PCV13 como la PPSV23 permiten a las personas desarrollar un alto nivel de inmunidad contra los hongos que causan neumonia, además de la Streptococcus pneumoniae, principal bacteria causante de estas afecciones.

En la actualidad no solo se recomienda la vacuna contra el neumococo. También se considera necesario que las personas mayores se vacunen contra la gripe o influenza, pues ello permite reforzar la inmunidad en estos pacientes y evitar las complicaciones propias de la neumonía en ancianos.

Mantener una buena alimentación

La frase “eres lo que comes” tiene más sentido cuando se asocia la alimentación con la salud del organismo. Comer más de 3 veces al día, de forma balanceada y en porciones adecuadas, permite dotar al cuerpo de los nutrientes necesarios para mantenerse saludable y evitar la neumonía recurrente.

En ese sentido, una alimentación sana y rica en vitaminas influye positivamente en la capacidad de respuesta del sistema inmune, el cual contará con las condiciones necesarias para trabajar de forma óptima y proteger al organismo de amenazas originadas por las bacterias causantes de la neumonía.

No fumar

Además de que incrementa exponencialmente la probabilidad de sufrir neumonía necrotizante, fumar representa uno de los mayores riesgos para la salud. Tanto para los fumadores activos como pasivos, la nicotina ocasiona daños irreversibles al organismo, los cuales se ven reflejados en la disminución de la capacidad de respuesta del sistema inmune ante los efectos de la neumonía.

Evitar el contacto con personas enfermas

Aunque para algunos la neumonía es contagiosa, lo cierto es que lo único capaz de contagiar son las bacterias que se encuentran en las vías respiratorias del paciente enfermo, las cuales pueden ser expulsadas mediante la tos, incubarse en una persona vulnerable y posteriormente producir un cuadro de neumonía leve.

Ante esta situación, no se recomienda el contacto directo con pacientes diagnosticados con neumonía crónica u otras afecciones respiratorias severas, pues ello evita que cualquier persona sana pueda estar expuesta a hongos que causan neumonia y desarrollar la enfermedad.

¿En qué consiste el tratamiento de la neumonía?

El tratamiento de la neumonía es un proceso que depende directamente de la gravedad de la misma y su evolución. En la mayoría de los casos lo primordial es realizar un diagnóstico por imagen, que permita identificar cuan avanzada está la enfermedad y qué tan comprometido se encuentra el tejido pulmonar.

El tratamiento contra la neumonía debe iniciarse inmediatamente después de recibir el diagnóstico médico. Por lo general, tanto la neumonía atípica como la neumonía crónica suelen tratarse con antibióticos, cuyo principio activo dependerá de la bacteria que se encuentre alojada en los alveolos.

Los casos de neumonía leve no siempre requieren de ingreso hospitalario urgente. Sin embargo, cuando se trata de neumonía en niños o en personas con factores de riesgo, la supervisión médica continua es esencial para lograr una evolución favorable.

¿Cuáles son los mejores remedios caseros para la neumonía?

Aunque para lograr una óptima recuperación es recomendable seguir las indicaciones médicas, algunos remedios caseros para la neumonía pueden mejorar el pronóstico de los pacientes con neumonía y aliviar los síntomas.

Al utilizar los ingredientes adecuados, tanto los tés como los jarabes resultan ser excelentes remedios caseros para complementar el tratamiento de la neumonía, la cual además obliga al paciente a mantener una buena alimentación.

Entre los remedios hechos en casa más destacados es posible encontrar:

Té de menta y eucalipto

Reconocidas por su gran poder mucolítico, la menta y el eucalipto son perfectas para calmar la tos, disolver la flema y facilitar su expulsión. Un té de estas hierbas 3 veces al día garantiza el alivio de la inflamación ocasionada por la neumonía, además, su efecto es ideal para recuperar algunas horas de sueño en la noche y así fortalecer el sistema inmune.

Té de jengibre

Ante los primeros síntomas de neumonía, el jengibre destaca por ofrecer un alivio duradero de la inflamación y la tos causada por la enfermedad. Una taza de té de jengibre, 2 veces al día, tiene el poder de descongestionar las vías respiratorias inferiores y reducir el dolor ocasionado por la neumonía atípica, brindándole al paciente la oportunidad de recuperarse en menor tiempo.

Té de tomillo con miel y limón

El té de tomillo con miel y limón es altamente recomendado para los pacientes con neumonía en casos de neumonía vírica, pues sus propiedades ofrecen alivio del malestar general y actúan como bálsamo sobre las vías respiratorias, descongestionando y aliviando la tos.

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